4 de septiembre de 2013

Astuta la mentira, cobarde el mentiroso


Con la excusa de la mentira piadosa, se dicen tantas mentiras..

Recuerdo aquel primer episodio en mi vida en el que el temor a ser reprendida me hizo mentir por un largo rato... Era la tarde, apenas llegando a la mesada de mi casa en puntas de pie, tomé una pera de la frutera y le dí un mordisco. Volví a poner la pera en su lugar pensando inocentemente que nadie notaría mis dientitos clavados allí ni el trozo de pera que faltaba.
Por la tarde mi mamá nos paró a mis dos hermanos y a mí contra la pared de la cocina y preguntó quién había hecho eso. Solo quería que dijésemos la verdad. “Nadie había sido”. Entonces -dijo mi madre- si ninguno de ustedes fue..¡Tengo que pensar que hay un ratón en nuestra casa! Tendré que llamar para que vengan a desinfectar y podamos atraparlo.

No pude sostener mi “mentirita” mucho tiempo por dos motivos, uno fue que me sentí acorralada y frente a las preguntas insistentes de mi madre tuve que confesar ser la autora del mordisco,  y además supongo que mi cara  me delataba  graciosamente ante la mirada de quien me conocía más que nadie.

Esta anécdota marcó algo muy importante en mi vida. Seguramente no fue este episodio aisladamente. Recuerdo muchos momentos de mi vida en los que mi madre me recalcaba el valor de decir la verdad.  La valentía a la que se exponen las personas que siempre actúan de este modo.

La mentira implica no mostrarse como uno es,  es ocultar,  es generar desconfianza en el otro (si es que descubre que le mienten).

Prefiero el riesgo de la verdad, aunque la verdad duela, aunque la verdad implique alejamiento, aunque la verdad provoque ira… Porque a pesar de todo, siempre será LA VERDAD.

He tenido variadas situaciones  en las que descubrí que personas muy cercanas a mi vida me habían mentido. He sentido mucho dolor por sentirme “engañada”. Es que cuando no vivimos de este modo cuesta creer que haya quienes pueden sentirse cómodos  y tranquilos de esta forma, como si la mentira fuera el libro de cabecera de sus vidas.

Pero esto sucede y mucho más de lo que creemos.

Parece que es una característica de los “astutos”, que piensan que adoptando un modo de vida basado en la engaño se puede llegar más lejos. Para quienes piensan y viven de este modo, lamento decirles que no estoy de acuerdo y que sí pienso que “La mentira tiene patas cortas”.. ¿Dicho viejo? Si, lo sé, bastante antiguo pero no pasado de moda. La verdad en algún momento sale a la luz y la mentira queda en evidencia y quien la sostuvo no tendrá otro remedio que poner el pecho o en algún que otro caso inventar otra nueva farsa para justificar la anterior.

Actualmente en nuestro país vivimos rodeados de mentiras. Ya muy poco es creíble lamentablemente. No sabemos en quién confiar y en quién no. No sabemos quién dice la verdad ni quién tiene buenas intenciones. Hemos llegado a un nivel de engaño y desconfianza que es muy difícil volver a creer.  Pero sí sabemos que nos mienten alevosamente, que nos estafan en la cara.

La franqueza tiene el costo de no agradar quizás y de perder mucho en el camino, pero tiene el premio de la tranquilidad de sentirse honesto y de saber que quienes nos rodeen nos conocerán realmente y estarán a nuestro lado por lo que verdaderamente somos.

No soy de las que creen en las “mentiras piadosas”, porque en definitiva también son tan mentiras como las que no llamamos piadosas, no es más que justificar ese acto de mentir.  Sí creo que tenemos el derecho a “omitir” cuando deseamos hacerlo, porque eso significa reservar algo para nosotros.

Ser sinceros va mucho más allá de “decir o no mentiras”..   Creo que es vivir acorde a lo que pensamos, es decir lo que realmente sentimos, es ser auténtico, asumiendo el riesgo de no ser aceptados por quienes piensan diferente.





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1 comentarios :

  1. Gracias, e entendido que mas importante es mi relación con Jehová mi Dios verdadero,al decir la verdad y mentir solo por agradar a ciertos hombres que no valen la pena Jehová mira tu valor y fe siete bendiga

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