25 de agosto de 2013

Palabras van, palabras vienen...


"Tengo que hablar por teléfono" 
"Después hablamos" 
"Te mandé un mail" 
"Tomamos un café y charlamos" 
"Tenemos que hablar" 
"A las palabras se las lleva el viento" 
"Te doy mi palabra de honor" 
"Me dijo la palabra justa" 
"Te tomo la palabra"


Estos días estuve pensando bastante en el valor de la palabra. Se me juntaron varias cosas que me llevaron a esto, y bastante opuestas.

Mi pequeña hija está comenzando a hablar cada vez más claro. Cada día nos sorprende con un nuevo intento de comunicar algo a través de la palabra. Es obvio que nos divertimos mucho y a mí particularmente me sorprende ver reflejado en ella, cómo el ser humano hace todos los intentos por comunicarse y hacerse entender. Nada más claro que observar a mi hija para llegar a esta idea.

Opuestamente a algo tan tierno y espontáneo, escucho permanentemente mensajes a través de los medios de comunicación que intentan a través de discursos transmitir mensajes masivos.  Me refiero a todo tipo de mensajes, políticos, periodísticos, publicitarios, y cualquier variedad que pueda incluirse aquí.

También estoy disfrutando esta nueva experiencia de  tener un blog, un espacio en el que puedo expresarme libremente a través de la palabra, escribir como deseo hacerlo, hablar de lo que quiero y contar algunas experiencias personales.




La palabra comunica a los seres humanos, establece vínculos, expresa ideas, sentimientos, deseos…

Hay palabras consideradas “buenas” (¿se portarán bien?) y palabras “malas” (¿se portarán mal?), palabras que hacen reir, palabras que hacen llorar, palabras que ofenden, que emocionan, que asustan, palabras que acarician y palabras que nos bofetean. Palabras fuertessuaves, dulces, divertidas, palabras largas y palabras cortas, palabras que mienten, palabras que dicen la verdad., palabras valiosas, justas, exactas. Palabras de honor,  de lealtad, de promesa.

Pensando en todo esto, es que me puse a reflexionar sobre el “valor de la palabra”, seguramente es un tema muy abordado por expertos entendidos en el tema. No es mi intención abordarlo desde ese punto de vista ya que yo no lo soy.

He trabajado mucho con niños a lo largo de mi vida y la experiencia directa con ellos me ha dado una idea más vivencial de este valor. Cuando hago las evaluaciones de mis alumnos de los distintos períodos en el Jardín, el área de lengua abarca varios puntos relacionados al habla. Si pueden transmitir mensajes, si se expresan correctamente, si tienen alguna dificultad en el habla, si participan en conversaciones grupales.. Todos puntos a evaluar en los niños que hacen a la adquisición del habla, que apuntan a que puedan expresarse correctamente a medida que evolucionan.



Claro que es importante, es muy importante. La palabra nos permite comunicarnos, darnos a entender y expresarnos con otros seres. Hay quienes tienen más facilidad para expresar en palabras sus pensamientos y sentimientos. A otros  les resulta difícil ponerles palabras a las emociones y a las ideas.




Cuántas  historias de amor habrán comenzado por una carta, una mensaje o una palabra. Y cuántas habrán terminado también de este modo. No le quito mérito a las miradas ni a los gestos que también hacen mucho de lo suyo. Pero siempre llega finalmente  esa palabra, la que quizás queda en el recuerdo para siempre aunque nunca volvamos a ver a quien la dijo.


Como ya conté en un anterior post,  tengo bastante memoria (por no decir mucha) de la mayoría de mis vivencias desde muy pequeña y recuerdo las palabras de distintas personas que me han rodeado que han marcado de manera especial mi vida. Incluso palabras escritas por mí siendo pequeña en las que expresaba sentimientos hacia mis seres queridos. Es muy lindo volver a leerlas.

Recuerdo también un cassette, que lamentablemente para mí, ya no está, que mi padre había grabado conversando conmigo cuando tenía tres y cuatro años. Ese casette estuvo en mi poder años más tarde, y lo escuché a solas miles de veces, pero luego se extravió y jamás lo pude volver a tener. Qué bello era escucharlo, reconocer mi voz de tan pequeña contando cosas que vivía en ese momento, interactuando con mi papá. Tengo en mi memoria la imagen de cuando él me grababa y las situaciones vividas en ese momento.  Ese era el registro en palabras de un momento de mi vida. Un tesoro perdido para mí. Agradezco una vez más a mi memoria que me permite volver a escucharlo.




La palabra puede tener muchas formas…  versos, cuentos, cartas, poesías, listas, noticias, información.. En todas sus formas nos transmite un mensaje, algo nos quieren decir.



Les comparto una reflexión que alguna vez leí:

             LA PIEDRA
El distraído, tropezó con ella.
El violento, la usó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El caminante cansado, la usó como asiento.
Para los niños, fue un juguete.
Drummond, hizo poesía con ella.
David mató a Goliat.
Miguel Angel hizo con ella la más bella escultura.
Y en todos los casos la diferencia no estaba en la piedra, sino en el hombre.
Recuerda...
No existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.


Cada uno de nosotros marcamos la diferencia en el destino de nuestras palabra
Las mismas palabras pueden tener diferente intención según quién las diga y de qué modo lo haga.
Cuántas ofensas y cuántos acercamientos han sido mediados por la palabra. Por eso creo que debemos pensar y saber muy bien lo que expresamos.

No señor, a las palabras no se las lleva el viento… ¿o sí?.  Permanecen en nosotros si queremos poseerlas y vuelan si las dejamos ir…

Es bastante tarde y a decir verdad, estoy cansada y ya no me quedan muchas palabras para cerrar este post.
Solo les dejo este dicho muy conocido que me ha ayudado bastante a ser prudente a lo largo de mi vida..

“El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”
                                                               ¡Hasta la próxima!




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1 comentarios :

  1. Genial entrada, muy reflexiva. Está todo dicho, querría comentar algo más pero me quedé sin palabras.

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