5 de agosto de 2013

Padres frustrados, niños agobiados


No soy psicóloga, lo sé y lo tengo bien claro. Pero esto no quita que observe mucho la conducta de   la gente que pasa a mi alrededor . Ayer llevé a mi hijo de 12 años a un partido de fútbol. Concurre dos veces por semana a la práctica y los fines de semana juegan partidos contra otros clubes.

Cuando le propuse comenzar con estas prácticas (en realidad hace unos años ya había practicado fútbol y otros deportes)  fue con la idea de que disfrutara de un momento recreativo. Lo que más me gusta cuando voy a los partidos, es  verlo disfrutar. No pienso si algún día será jugador profesional y se hará millonario…  Bueno, parece ser que no todos pensamos igual.

Ya van varios fines de semana que cuando estoy viéndolo jugar escucho atentamente a los padres de otros niños que no disfrutan ni un instante del espectáculo que nos brinda el partido ni de ver a sus hijos haciendo lo que les gusta.

Digo esto, porque no paran de gritar a sus hijos (y a veces a los ajenos) a modo de exigencia:  “si te pegó con el codo, dale en los tobillos, vas a ver como no te pega más”, “referí, sacalo de la cancha, no ves que se tira para hacer tiempo”. El padre de un equipo con el entrenador del otro equipo: “sacalo de la cancha para hacerle masajes, no ves que se acaba el tiempo”, “vos estás borracho, por eso decís esas pelotudeces”. Un espectáculo patético. Me da mucha vergüenza estar allí.

Es que no se percibe como algo alentador. Son los adultos lo que insultan, los que se enojan, los que exigen y los que faltan el respeto no solo a los entrenadores sino a sus propios hijos y a quienes estamos allí para pasar un buen rato.

No puedo entender que los padres no sean los que fomenten un espíritu deportivo, basado en el respeto, la competencia leal y sobre todo la diversión. Me pregunto cuánta frustración tendrán en sus propias vidas para hacer tanto daño a sus hijos.

Algo que me llama bastante la atención es que no solo los papás son los que se fanatizan hasta el punto de creer que están jugando un partido de vida o muerte. Las mamás pierden toda noción de compostura, olvidan por completo que están allí acompañando a sus hijos para que pasen un buen momento. Quedo absolutamente anonadada cuando escucho las barbaridades que gritan. Me hace pensar que lo que en realidad quieren es lograr que su hijo se saque la lotería jugando al fútbol.

Me da mucha tristeza. Voy a ver a mi hijo y vuelvo angustiada porque él también escucha todo eso, aunque me dice que no presta atención.

Me sorprende el nivel de egoísmo que tienen algunos padres, la falta de conciencia del daño que les ocasionan a sus hijos. Parece ser que tienen que devolver con “goles” el esfuerzo que hacen sus padres en llevarlo, en lavar las camisetas y en dejar lo suyo para estar allí.


Creo que si queremos que nuestro hijo sea Maradona o Messi,  mejor quedémonos en casa mirando la tele o vayamos a dar una vuelta al parque.


Si queremos que nuestro hijo pase un buen rato en grupo realizando una actividad deportiva y recreativa, estemos con ellos asumiendo nuestro rol de padres como lo hacemos en otras tantas actividades, conteniendo y alentando en forma positiva y respetuosa.

Ellos no tienen la culpa de nuestras frustraciones, son nuestras.  Es bueno recordar de vez en cuando que somos el mayor ejemplo para nuestros hijos.




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