9 de agosto de 2013

Historias dentro de historias. Dexter 08x03


Con esta entrada doy inicio a una sección en la que analizaré algunas pequeñas historias interesantes pero independientes del argumento principal que se desarrollan en algunas series de TV. No sé aún si será una sección habitual o muy esporádica, depende de los guionistas y de su creatividad.

Todos sabemos que los problemas que se nos presenten a lo largo de la vida pueden ser de mayor o menor envergadura pero sin duda, la peor cosa que podemos hacer al respecto es no querer verlos. Al menos eso creo yo, sin embargo no todos piensan así.

La negación es tan dañina como eficaz. Cuando alguien no desea ver determinada situación complicada no la verá bajo ningún concepto y si intentáramos correr el velo, lo más probable es que seamos nosotros los que acabemos perjudicados.

En el episodio 8x03 de Dexter vemos una escena tan reveladora como frecuente, mucho más frecuente de lo que imaginamos.

Debra Morgan trabaja como detective privado para una agencia de detectives. Este tipo de agencias investiga casos de todo tipo y es así cómo llego a las oficinas de “Elway Investigations” una mujer rubia, elegante, que transitaba su cuarta década de vida.

Esta mujer de gestos refinados, modales cuidados y aspecto inmaculado aparentaba también ser una persona de muy buen pasar económico.
Pero el motivo que la llevaba con los detectives no era un asunto agradable. Necesitaba saber si su marido la estaba engañando. Sabido es que los cuernos no reconocen clases sociales.


Después de algunos días de investigación, Debra y Jacob Elway descubren que el sospechoso efectivamente traicionaba a su mujer, de manera descarada, pública y reiterada. Tomaron muchas fotos del sujeto teniendo sexo dentro de una furgoneta con una jovencita de la mitad de la edad de su mujer.

Caso resuelto. Presentaron las fotos a la perjudicada mujer, sólo para descubrir que encontrar la verdad no lo es todo. La blonda ricachona miró las fotos y mantuvo la compostura como solo alguien con su clase podría hacer, luego decidió que  quien aparecía en las fotos no era su marido. Las fotos perfectamente nítidas eran borrosas y confusas a sus ojos.


No piensa en el divorcio, no hablará con abogados, solo se levantará de su silla, saludará amablemente a los detectives y dejará en recepción el cheque por los servicios prestados.

Eso fue todo. Lo que su cabeza decidió en ese instante no lo sabremos nunca (o eso creo). Quizás tenga pensada alguna venganza más larga y dolorosa que el simple divorcio. Tal vez cree que merece lo que ha visto. Probablemente ahora se sienta habilitada para tener su propio amante. Es posible que la infidelidad sea un precio razonablemente bajo a pagar por los lujos que disfruta a diario a cuenta de su esposo.


Las conjeturas son muchas, pero son sólo eso.





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