7 de agosto de 2013

Dexter 08x03 - "What's Eating Dexter Morgan"


Tercera entrega de la 8va temporada de Dexter y el titulo nos plantea el interrogante: ¿Qué come Dexter Morgan? El jueguito de palabras cobra sentido durante el episodio, pero hubo algunas cosas que no me gustaron. Dos cosas concretamente que enseguida detallaré, pero aun siendo sólo dos, son demasiadas para una serie que considero de culto, una obra maestra. Sea lo que sea que coma Dexter, espero que no sean los guiones.


Vamos con el primer desacierto, a mi juicio obviamente. Comienza el capítulo y se oye la voz en off de Harrison llamando a su padre en plena noche. El tono del niño si bien no es preocupante, induce a pensar que algo ocurre. Dexter se levanta de la cama y acude a ver qué pasa. Manchas rojas en el suelo. Las seguimos hasta el cuarto de baño. Se ven las piernas del pequeño Morgan y muchas más manchas rojas. ¿Sangre? No, el travieso noctámbulo había decidido darse una panzada de helados mientras todos dormían.


Muy mal. No el niño sino los guionistas. Buscaron un golpe de efecto innecesario y eso me molestó bastante. ¿Querían que recordemos a Rita desangrada en la bañera a manos de Trinity? ¿Para qué? ¿Sumaba algo a la trama actual? Claro que no. Fue una pifia argumental sin sentido. No pueden aferrarse a uno de los momentos críticos de esta monumental serie y banalizarlo de esta manera.

Deberían entender los escritores que para los fans, los monstruos de esta serie son reales. No son algo con lo que se pueda jugar porque acabarán jodiendo la historia.

Pasaron un par de minutos hasta que retomé la concentración.

Mientras tanto, Deb ‘la descarriada’, es encontrada por un oficial de policía dentro de su coche. Borracha. Dormida. Estacionada sobre un parquímetro. No importa que haya sido la teniente, o quizás eso empeora las cosas. Va directo a pasar la noche en la comisaría.

Pero Debra necesita que alguien la rescate. Y llama a Dexter obviamente… no, perdón, elige a Quinn. El ex novio despechado es el héroe de turno. No me queda claro cómo va la relación aquí ni cómo piensan resolver la cosa de cara al final de la serie. Se supone que el asunto entre estos dos estaba más que terminado, pero ahora los escritores quieren remover las cenizas. Bueno, no son expertos en tramas románticas como dije en el review anterior.

Suena el celular de Quinn, son más de las 4 de la mañana y el detective tuvo sexo con su novia al menos dos veces esa noche. Toda esa información nos la presentan resumida en unos pocos fotogramas. Bien el director.


Quinn sale presto en auxilio de la flaquita, pero al irse no le dice la verdad a su compañera de sábanas.

En otro lugar, la policía hace peritajes en la en cabaña de Sussman, principal sospechoso de ser ‘el neurocirujano’. Lo encuentran tendido en el suelo con un escopetazo del 12 en toda la boca y sus sesos desperdigados por cada rincón de la habitación. Dexter sabía que todo esto es un montaje del verdadero asesino ya que horas antes había visto a Sussman colgado del techo como una res.

Las cosas parecen encajar y las pruebas inducen a un suicidio inducido por el tormento de ser un monstruo. Dexter sabe que tal cosa no existe. También deduce que el verdadero asesino quiere llevar estos asuntos en privado, al menos sin la policía fisgoneando.
Y pronto revela sus intenciones al dejar en la puerta de la casa de la Dra. Vogel, dos cajas esta vez en lugar de una, con sendos trozos de cerebro en su interior, pero esta vez pertenecen al lóbulo occipital, responsable de la visión. Claro mensaje para Dexter y Vogel, los está observando.


La veterana psiquiatra y el psicópata (extraño dúo) tampoco se quedan atrás y comienzan a investigar a otro posible ex paciente enfadado con deseos de venganza. Esta vez se trata de Ron Galuzzo, un vendedor de pasillo central de Shopping Center. En su adolescencia mató a un compañero y la Dra. Vogel declaró en su contra en el juicio con lo que terminó en una institución mental hasta los 21 años. Dex lo visita en el trabajo. Su currículum cierra, podría ser el neurocirujano.

En la estación de policía de Miami Metro, el capitán Matthews da por cerrado el caso del neurocirujano con el suicidio de Sussman pero pide al equipo esclarecer el caso de “El Sapo”, justamente el matón que Deb agujereó.
Batista por su parte propone a Quinn para el ascenso a sargento. Matthews esta escéptico.

Volvemos a casa de Vogel, donde Dexter parece sentirse cada vez más cómodo y las charlas tienen un tono madre-hijo algo forzado. No me cierra del todo la relación.
Vogel hace una reflexión inteligente que capta por un rato mi atención. Según el código de Harry, la primera regla es no ser atrapado, por lo tanto, siendo que la emocionalmente inestable Debra descubrió las andanzas de su hermano, ¿por qué él no la mató?


Entonces Vogel hace lo que mejor sabe, para lo que son entrenados los psicólogos/psiquiatras: comerle la cabeza a sus pacientes:

- "Cuando un psicópata habla de amor no se refiere a lo mismo que el resto de las personas." – aseguró Vogel, y continuó - "El amor desinteresado es algo muy difícil para la gente normal, para un psicópata es algo imposible. Para un psicópata, amar es como para Miguel Ángel intentar tocar el banjo."

Lo que dice está bien y la metáfora aparenta tener sentido, pero ¿Por qué esta señora asegura que el talentosísimo artista del Renacimiento tendría problemas para tocar un sencillo instrumento de cuerdas? Cada vez me cierra menos la inglesa.

Según la mamá de Dexter, perdón, según Vogel es ahora ella quien debería cuidar a Deb ya que Dexter no está capacitado. Aquí habría que ver. Es cierto que el pozo en que está hundida Debra hoy fue cavado durante siete temporadas por Dexter, pero también la supo cuidar, a su manera y no sé si Vogel lo hará mejor.

En casa de los Batista, Jamie termina de preparar la cena mientras Ángel y Quinn repasan para el examen de sargento. Un desastre, Quinn tiene la cabeza en otra cosa. Y como se suele decir que las mentiras tienen patas cortas, la hermana de Batista, niñera de Dexter y novia de Quinn (una sola actriz) acaba descubriendo que la llamada que su amante recibió de madrugada fue de Debra y no por algún asunto de polis como él afirmó.

Mal momento para el rubito al ver como se le caen las coartadas. Jamie sale de escena furiosa y esta vez tiene razón.


En todo Miami es la misma hora, la de la cena y Debra y Dexter se reunieron en un restaurant para acercar posiciones. Dexter cree que el puede manejar la cabeza de su hermana, que puede hacer que todo lo malo desaparezca y vuelvan a bromear y hacerse cosquillas. No creo que esto funcione así. Dexter no tiene en cuenta que la cabeza de Debra no funciona como la de él por lo que las cosas no se arreglarán igual.

Día siguiente. Dexter empieza su acoso a Ron Galuzzo. Espera que se vaya a trabajar y se cuela en su casa. Nada por aquí, nada por allá y de pronto, en la cocina… oops, la cacerola del guiso… y ¿qué hay dentro? Ni cordero, ni cerdo ni ternera, solo un poco de… humano.

Ron Galuzzo es un caníbal, con mucho menos clase y peligrosidad que Hannibal Lecter. Pero igual de aficionado a manjares preparados con carne de homo sapiens.

Aquí mi segundo momento de desilusión. No entiendo cómo es posible que “el carnicero de la bahía”, “el vengador oscuro”, “Dexter Morgan”, el que salvó de la crisis a la fábrica de “bolsas negras” ponga esa cara de niñita asustada al ver el contenido de la olla: un dedito meñique entre papas y zanahorias. Pero ¿a quién se le ocurrió esta incongruencia? ¿Es que ahora estamos viendo una comedia y no nos avisaron?

¿Qué diablos significa esta cara Dexter Morgan?
Ya me costaría mucho recuperar la concentración después de mi segundo acceso de furia antidexteriana.

Cuando volví los ojos a la pantalla, Debra estaba borracha, otra vez, en la puerta de su antiguo trabajo, la central de la policía de Miami Metro.
¿Pero qué hace ahí?
Eso mismo le pregunta Quinn al verla entrar tambaleándose a la oficina.
Parece que Debra ahora sí descarriló. Quiere vomitar todo eso que no puede digerir, que su hermano es un monstruo, que mató a la capitana María LaGuerta, que tomó drogas, que se levanta de noche a comerse un kilo de helado y que de pequeña le robó un lápiz a su compañero de banco en el cole. Quiere contar todo, pero todo todo.


Afortunadamente allí está Quinn para neutralizarla. Y ya que aun está medio embobado con la chica no presta mucha atención a la historia que cuenta Deb, está más preocupado por su lamentable estado. Lo llama a Dexter que justamente estaba debatiendo algún tratado psicológico con mami Vogel.

¿Estará a punto de derrumbarse la vida del portador del ‘Oscuro Pasajero’?

Por las dudas Dexter sube a su coche y corre por las autopistas de Miami rumbo a la central de policía y de paso se lleva con ella a su psiquiatra de cabecera para que le eche una mano con la desequilibrada de su hermana.
Vogel no pierde oportunidad de seguir comiéndole el coco durante el viaje:

- "Pasar el resto de su vida en la cárcel es lo último que Deb necesita."- manifiesta Dexter.
- "O lo último que tú necesitas." – retruca la doctora. Y sigue – "Admítelo Dexter, estás más preocupado por ti que por ella."
- "Eso no es verdad! Ya te dije que la quiero."
- "No de la misma manera que ella a ti. Cuando Debra mató a LaGuerta, eso era amor verdadero y desinteresado. Sacrificó todo en lo que creía por ti. ¿Puedes verlo?"

Dexter no pudo contestar. Y ya están en la comisaría. Todo es muy rápido y casi como un trámite para cerrar el episodio.

Quinn conduce a Dex y Vogel hacia la habitación donde estaba Debra. Antes de que la alcoholizada Morgan pueda darse cuenta, recibe un jeringazo en el cuello de su hermano y cae rotunda en manos de Morfeo, o sea, se duerme de golpe.
Dexter la lleva narcotizada a casa de ella y la deja en manos de la nueva madre postiza… ¿de ambos? Vogel promete hacerse cargo, pero por las dudas Dexter la deja esposada. Sabe lo loca que puede ser su hermana.


La mejor parte se reserva para el final. Escuchamos la cabeza de Dexter:

- "Vogel está en lo cierto. Soy perfecto. Pero sólo en una cosa."

Ron Galuzzo está en la mesa, sujeto con plásticos, la boca tapada con cinta americana. Son sus instantes finales. Si era ‘el neurocirujano’ se lo contará a los peces del fondo de la bahía.






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