26 de agosto de 2013

Cuentos Chinos #7: Yi Yin, el Sabio Consejero


Yi Yin es uno de esos ejemplos que se repiten con frecuencia en el folklore chino, el sabio ministro que le da su consejo honesto al monarca y se interesa de corazón por la gente. Dado que siempre se han construido héroes populares a partir de estas figuras, es lógico que la mayoría de los funcionarios imperiales chinos a lo largo de los siglos, hayan siempre querido mostrar estas virtudes.

La leyenda otorga a Yi gran parte del crédito por la fundación de la Dinastía Shang (Siglos 16 a 11 a. C.). Se dice que desde su juventud, creció indignado por las prácticas abusivas, mal gobierno y falta de ética de Jie, el tirano de Xia. Su solución fue la de ayudar a derrocar Jie y coronar a otro monarca, el príncipe Tang de Shang, como gobernante de toda China.

La tradición describe a Yi físicamente como poco atractivo, bajo, moreno y con barba, su cuerpo regordete se remataba por una joroba en la espalda y los escritos de la época tampoco se muestran interesados en la ropa que llevaba. Su ingenio y sagacidad, sin embargo, parecen haber prevalecido por encima de su infortunado aspecto físico.

Un relato dice que Yi, llamó la atención de Tang por primera vez al hacerse pasar por esclavo en la casa de un noble, cuya hija estaba a punto de casarse con Tang. Entonces Yi fue entregado a la Corte como parte de la dote. Poco a poco se ganó el respeto de Tang y hasta alcanzar el rango de ministro de la Corte.

En otra versión, Yi era un campesino famoso por decir cosas muy sabias acerca de los asuntos del Estado. El Emperador Tang, al oír hablar de él, quiso hacerlo inmediatamente su asesor. Hasta cinco veces fue el monarca a casa de Yi antes de que éste acepte la oferta.
El cochero de Tang, un hombre llamado Peng, se mostraba indignado por la insistencia de Tang: “¿Qué es lo que tiene este campesino? ¡Si quieres verle, sólo ordénale ir a palacio!. ¿Por qué deberías ir tú siempre a buscarlo una y otra vez? ".
Ante las palabras de Peng, el Emperador Tang respondió calmadamente: “Tú no entiendes. Yo voy a Yi como el hombre enfermo que busca la ayuda de un buen médico. Y no lo hago por mí, sino para salvar a todo el pueblo de este país”.

Este tipo de cuentos o leyendas son las típicas que rodearon siempre los momentos de cambio de dinastía. Los fundadores de nuevas dinastías, en este caso Tang y Yi, son siempre descriptos como hombres dotados de todas las mayores virtudes, mientras que los últimos representantes de las dinastías caídas, como Jie, siempre son pintados como tiranos malvados. Esto nos demuestra que no importa cuántos milenios hayan transcurrido, en política siempre se hace lo mismo cuando llega un nuevo candidato al poder, portador de las esperanzas de su pueblo.

Se dice que Tang preguntó a Yi en una ocasión, qué debía hacer para fortalecer su mandato. La respuesta de Yi fue:


Cultiva tu aspecto moral y no dudes en asumir la determinación de trabajar para el beneficio de la gente. El servicio a los demás es una virtud y una cualidad. Gobierna tus dominios con humanidad y justicia."

Yi prestó un gran servicio a Tang en su campaña para conquistar el reino de Xia. Una vez, Tang estaba impaciente por lanzar un ataque, entonces fue persuadido por Yi para que espere mientras él sondeaba las fuerzas de Xia, evitando así una posible derrota prematura.

Por consejo de Yi, Tang retrasó deliberadamente el pago de tributos a Jie. Inmediatamente Jie montó en cólera y convocó a los ejércitos de los duques y príncipes súbditos de su reino. Cuando las tropas estaban listas para la expedición punitiva contra Tang, Yi comprobó que las fuerzas enemigas eran muy superiores, entonces dijo a su amo: "No podemos luchar ahora, mientras que Jie sea aún tan poderoso. Es mejor esperar y pagar el tributo."

Al año siguiente, Tang, volvió a postergar el pago del tributo y Jie, una vez más llamó a sus vasallos. Pero esta vez, muchos se mostraron reacios a obedecer debido al pésimo gobierno tiránico que estaba llevando a cabo Jie.
"Ahora es el momento de luchar", dijo Yi entonces, "los ejércitos de Jie ya no son peligrosos". Las fuerzas de Shang fueron ganando una serie de batallas y derrotando en primer lugar a una serie de estados leales a Jie, hasta que finalmente se encaminaron a la capital de Xia.

Estaban a menos de tres kilómetros de llegar a su destino cuando, de pronto, Yi ordenó detener la marcha. El emperador Tang, desconcertado, preguntó por qué. Su consejero respondió con calma que antes de continuar, debían reforzar la moral del ejército. "Pero mi ejército ha ganado todas las batallas en las que ha luchado!" protestó Tang. "Cierto", contestó Yi, "pero hasta ahora sólo nos hemos enfrentado a los estados más pequeños. Esta vez se trata de luchar con el monarca de un estado mayor, y esta batalla va a decidir el destino de una dinastía. No podemos darnos el lujo de ser descuidados.

Así fue entonces que Yi reunió al ejército para que Tang se dirija a ellos. Se explayó sobre las perversidades de Jie y declaró que su propia rebelión contra el tirano era la voluntad de los dioses y de la gente. Este discurso, conocido históricamente como "La Promesa de Tang", reforzó el espíritu de las tropas de manera decisiva. En la batalla, Jie el tirano fue finalmente derrotado.

Tang llegó a fundar la Dinastía Shang y nombró a Yi como su primer ministro. Después de la muerte de Tang, Yi siguió asesorando a sus hijos y sucesores, Wai Bing y Zhong Ren.
A la muerte de este último, el nieto de Tang, Tai Jia ascendió al trono, y ya en su vejez, Yi continuó sirviendo a su cuarto monarca consecutivo.
Una de sus decisiones más polémicas fue la de enviar al joven Jia Tai al exilio. Yi en ese momento ocupaba el cargo de ‘Ah Heng’, o alto tutor y profesor del monarca. Él era un maestro estricto, pero Tai Jia mostraba poco interés por los asuntos de Estado y mucho por la diversión. Las cosas fueron de mal en peor, hasta que Yi se declaró a sí mismo Regente y Tai Jia fue enviado a un lugar llamado Tongguan (al suroeste del actual asentamiento Yanshi, en la provincia de Henan). La tumba de Tang estaba situada allí y Yi consideró que ése era un lugar apropiado para que el caprichoso niño reflexionase sobre su comportamiento rebelde.

Por supuesto que las razones de Yi no tardaron en ser mal interpretadas y los funcionarios de la Corte murmuraban entre ellos que Yi pretendía usurpar el trono. Yi hizo caso omiso de las habladurías de los otros ministros y mantuvo su firme convicción de que estaba actuando por el bien del interés público.

Durante su estadía en Tongguan, Tai Jia tuvo tiempo de avergonzarse por su comportamiento pasado y decidió enmendarlo comenzando un nuevo estilo de vida más responsable. Después de tres años, Yi estaba convencido de que el joven rey realmente había enmendado su conducta, por lo que el día propicio, él mismo fue a Tongguan, llevando consigo la Corona Real y los trajes de monarca para entregárselos al heredero. Tai Jia recuperó el trono y se convirtió en un gobernante capaz e ilustrado.
Yi quedó tan satisfecho con la transformación de su monarca, que escribió un artículo titulado "La Conducta Ejemplar de Tai Jia."

Yi Yin vivió hasta una venerable y avanzada edad. Incluso Tai Jia había muerto ya, y fue el biznieto de Tang, Wo Ding, quien organizó la ceremonia del entierro del veterano Primer Ministro, con los honores que generalmente se reservaban para un emperador.




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