24 de julio de 2013

TV de mi infancia (Parte 1)


Es sabido que la educación y formación de la mayoría de las personas proviene (o debería) de los padres, escuela, amigos, vecinos y resto del entorno. Pero en la actualidad es innegable la introducción de las nuevas tecnologías en el proceso educativo. Mi generación, de principios de los '70, no contaba con iPads, Notebooks, Redes Sociales, celulares, ni siquiera modestas PCs. En aquellos años, gran parte de la información comenzaba a llegarnos desde aquella milagrosa caja que emitía imágenes y sonido, la tele.

Una enorme, antiestética y pesada caja hecha de madera y tosco plástico, con un grueso cristal convexo y gris en el frente, que al encenderlo demoraba un rato hasta dejarnos ver una imagen generalmente borrosa y, por supuesto, en blanco y negro. El sonido no era mucho mejor, nada de 3D sourround ni DTS. Las voces se oían metálicas y poco nítidas, cuando no tapadas por un ruido estático parecido al de la lluvia. Con la música era peor. Si el volumen estaba muy bajo no se escuchaba nada, si lo subías mucho, vibraba tanto el parlante que se escuchaba menos. Pero en aquellos días, ver la tele comenzaba a ser unos de los pasatiempos favoritos de todos los niños y de paso, un gran "ayudante" de padres en la complicada tarea de mantenerlos entretenidos.


Vaya gadget tecnológico. Pero entonces era imposible imaginar, salvo para los escritores de ciencia ficción, que unos cuantos años después podríamos ver la tele mientras viajamos en metro a través de la pantalla LCD de nuestro celular de última generación.

Lo cierto es que la llegada de este aparato a nuestras vidas modificó muchas cosas. Marcó el comienzo de un cambio socio-cultural y quizás el nacimiento del mundo globalizado. Lo que sí sé, es que esta “caja boba” o “caja tonta”, como muchos le han llamado, ha participado de mi educación y de la de millones de niños desde entonces. Y aunque cueste decirlo, en muchos casos lo ha hecho más activamente que los propios padres.

Sin más preámbulos intentaré hacer aquí un breve repaso por las series, programas y dibujos que vi durante mi infancia. Todo lo que ví décadas antes de conocer a Dexter, House, LOST o Game of Thrones.
Mi niñez transcurrió en Buenos Aires, Argentina. Por lo que quizás haya programas que los criados en otros lugares no conozcan o hayan conocido con diferente nombre… veamos.






La Pantera Rosa, El Oso Hormiguero y El Inspector.

Pues a estos tres genios del gag animado no puedo nombrarlos por separado.

Cuando sentado en el suelo veía ese rombo luminoso que crecía hasta llenar la pantalla a la vez que comenzaba a sonar la melodía de Henry Mancini The Pink Panther”, ya sabía que después del felino rosado vendría el desafortunado come-hormigas azul y el torpe Inspector “constipado” con su fiel ayudante Totó.

Realmente me han regalado los tres grandes momentos de risas y entretenimiento inolvidables. Como curiosidad recuerdo la sorpresa que me produjo oír hablar a la Pantera Rosa por primera vez, creo fue al final de un episodio parodiando el cuento del Arca de Noé…y tenía voz de hombre! No sé por qué me causó sorpresa, pero era una voz grave que no me la esperaba y me dejó atónito en aquel momento.


Algo que hoy me sorprende bastante es la poca cantidad de episodios con que contaban estos shows de antaño: la Pantera Rosa 124, el Inspector 34 y el Oso Hormiguero solo 17. Si no lo supiera podría jurar que cada uno tiene más de 200 capítulos.



Pierre Nodoyuna y Los Autos Locos

Quizás les parecerá gracioso, pero no fue hasta hace muy poco que descubrí que el apellido del malévolo Pierre es en realidad la unión de tres palabras: “No+Doy+Una” (No pego una). Quizás se deba a las diferencias idiomáticas entre el lenguaje habitual de mi país natal con el castellano que se habla en los países donde habitualmente se hacen los doblajes para las series de TV, Chile o México habitualmente. Para mi oído solo se trataba de un apellido de origen francés.

Claro que el significado que le encuentro ahora no podría ser más acertado, no importaba lo sofisticado de sus planes, no había manera de que tuviera éxito.

Su perro Patán (Risitas) tampoco se sabía bien de parte de quien estaba. Muchos otros graciosos personajes componían la historia: Capitán Cavernícola, Penélope Glamur, Pedro Bello…pero creo que Pierre era el favorito, además, conducía un Ferrari!! Fueron en total 17 episodios de "Los Autos Locos" que constaban de dos carreras cada uno. Nodoyuna, como es lógico, no ganó ninguna.



La Familia Ingalls

En España se tradujo casi literalmente del inglés original como La Casa de la Pradera (Little House on the Prairie).

Podría decirse que ésta fue la primera serie que seguí de manera asidua y continuada. En aquella época no tenia blog (creo que no había nacido el que inventó el ordenador, jejeje) pero hubiera escrito un post por episodio.

Que increíbles historias. Laura Ingalls, mi “primer amor” televisivo. Gran parte de esta serie la vi junto a mi abuela Honoria, que cuidaba de mi hermano y de mí mientras mis padres trabajaban.

A pesar de ser bastante pequeño recuerdo el impacto emocional de muchos de los episodios, nos quedábamos alucinados con esas historias tan intensas. La serie duró diez años entre 1973 y 1983, produciéndose 208 episodios. Las temporadas finales son un poco forzadas y las historias se salen del esquema general de la serie porque los autores empezaron a darles demasiadas vueltas a los mismos temas, pero en aquella época no me dedicaba a hacer análisis de series sino solo a disfrutarlas. El recuerdo es entrañable.




Heidi

Otra historia que con la que me compenetré y que hacía volar mi imaginación. Los hermosos paisajes naturales y la sensación de libertad que transmitían sus personajes hacia que no quisiera perdérmela después del colegio.

Esta historia como muchas otras, luego fueron malinterpretadas por mentes malintencionadas y es una de las tantas (o todas) las cosas que son víctimas de la vejación anónima de Internet y su celebre Regla 34. Sinceramente yo no creo que me haya inculcado ningún mensaje retorcido o incestuoso y confío en la intención inocente del autor. Para mí era lo que era.

Una niña huérfana, un pastor, ovejas, el abuelo y las montañas. No veía nada más.
También quiero mencionar en este caso y como curiosidad, que nuevamente a causa de las diferencias del castellano argentino con el español, la letra de la canción no la entendí hasta mucho más grande. La parte donde dice “abuelito dime tú…” para mí era “abuelito limbertú…”. No me preguntéis qué significaba aquello porque no tenía ningún sentido, pero era así como lo entendía yo. Es que en Argentina no se usa el “” sino el “vos” por lo que no reconocía la frase original. Con sus 52 episodios fue uno de mis primeros animé japoneses junto a Meteoro (Speed Racer) y Astroboy.




El Superagente 86

Es imposible borrar de mi mente el comienzo de esta serie. La increíble y pegadiza música mientras las puertas que se van abriendo y se sobreimprimen los nombres de los protagonistas: Don Adams como Maxwell Smart, Barbara Feldon como la '99' y Edward Platt como El Jefe.

El mundo real se dividía en aquella época en dos ejes, por un lado el frio, el comunismo, la maldad y lo desconocido de oriente. Por otra parte el calor, el capitalismo y la heroicidad de occidente. Era la guerra fría y Hollywood tenía su propia interpretación. Get Smart, su título en inglés,  fue una de las series que con mejor sentido del humor abordó el tema. Los malos eran torpes e ignorantes, pero los buenos no eran mucho más listos y las cosas terminaban arreglándose casi siempre por casualidad.

138 capítulos de 25 minutos de los que no habré visto todos probablemente pero con los que me he reído mucho de verdad. El “zapatófono” y decenas de otros gadgets de esta serie fueron imitados o parodiados luego en otros shows y películas.




La Isla de Gilligan

Mucho tiempo antes de que el vuelo 815 de Oceanic Airlines surcara los cielos, hubo otra misteriosa isla desierta a la que llegaron siete náufragos. Y dónde estaba esta isla? Pues en el Océano Pacífico, donde más! En alguna ubicación sin determinar al sudeste de Hawái. (Les suena de algo?)

Si bien la historia no tiene mucho que ver con LOST, se considera a esta serie de los ’60 como precursora de los reality shows como “Supervivientes” y muchos otros programas que abordaron el tema de la interacción de un grupo de perfectos desconocidos que se ven obligados a convivir en condiciones primitivas. El tema musical de la presentación es también un clásico inolvidable para los que vimos esta divertida serie.


A pesar de haber tenido mucho éxito en su época, fue suspendida abruptamente después de la tercera temporada por problemas en la política de programación en la cadena CBS que la distribuía. Transcurrieron 98 episodios a lo largo de tres temporadas, pero Gilligan y sus amigos jamás abandonaron la isla.




Cuanto más escribo mas memoria voy haciendo de series y programas que veía, por lo que separaré este post en dos o tres partes. De momento hasta aquí llega la primera.

Has visto alguna de estas series? Te ha movilizado algún recuerdo este post? Cuéntanoslo!





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